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ROBYN HITCHCOCK - St (2017)

ROBYN HITCHCOCK - (2017) 1

...porque es poseedor de un vasto legado discográfico y porque es uno de los pocos valores seguros que demuestra un altísimo grado de calidad a través de las décadas hasta erigirse como el mejor superviviente de los 80’s junto a nombres como Steve Wynn, Mike Scott o J Mascis... 

Lo del incombustible “soft boy” clama al cielo en el mejor sentido de la expresión. Su aportación al mundo de la música debería ser objeto de estudio minucioso y no de ninguneo constante como podemos constatar a tenor de lo infravalorada que, de forma popular, está su discografía. Como no podía ser de otro modo sucede prácticamente lo mismo en el caso de esta excelentísima nueva obra musical homónima del 2017. 

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Llama poderosamente la atención que, por ejemplo, mientras se expresan opiniones y más opiniones, mientras se escriben artículos y más artículos sobre el retorno de Ray Davies con un (a lo sumo notable) “Americana", se ignore o menosprecie a uno de sus más brillantes discípulos británicos. Ojo, con esto no estoy criticando al fundamental “kink”, Dios me libre de hacerlo pues podrían caer sobre mí rayos y centellas hasta incluso ser desintegrado por algún ferviente fan. Tan solo trato de reivindicar una obra que, entre algunos paralelismos, tiene también la coincidencia en la fecha de publicación, concretamente el pasado 21 de abril del año en curso. Ya puestos, y mojándome con una opinión subjetiva sin ánimo de que sea compartida, este disco del Sr. Hitchcock le da un repaso tanto al trabajo del antes mencionado Sr.Davies como a la inmensa mayoría de publicaciones que en esta añada han publicado o vayan a publicar variopintos artistas consagrados. En fin, que ya se sabe eso de que unos cardan la lana y otros crían la fama, tantas y tantas veces aplicable al mundillo musical. 


Incidiendo en lo anteriormente expuesto, más que artista de culto, a Robyn Hitchcock se le debería considerar como perteneciente a la aristocracia musical británica porque es poseedor de un vasto legado discográfico y porque es uno de los pocos valores seguros que demuestra un altísimo grado de calidad a través de las décadas hasta erigirse como el mejor superviviente de los 80’s junto a nombres como Steve Wynn, Mike Scott o J Mascis. Y ya puestos no acaba aquí la cosa porque con este nuevo álbum apetece sumergirse, empaparse de su contenido una y otra vez hasta engrandecerlo y exaltarlo aún a riesgo de parecer exagerado. Vamos a ello.

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Si en el 2014 facturó el notable anterior trabajo “The man upstairs” ahora ha realizado una auténtica masterpiece, a la altura o más del “Underwater moonlight” de 1980 con los Soft Boys, del “Element of Light” de 1986 y del “Perspex Island” de 1991 con The Egyptians, o de la que hasta la fecha podría ser consideraba su última obra maestra, el “Olé! Tarántula” del 2006 junto a Venus 3. Sea mejor o peor que las susodichas lo que resulta irrefutable es el nivelazo que este señor de flequillo canoso y camisas de lunares ha conseguido tantas veces a través de los años, cosa que, insisto, lo dignifica como uno de los grandes. 

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En los meses previos a la publicación del que suma ya su vigésimo primer disco, venía avalado por dos canciones, dos singles promocionales con los que provocó altas expectativas. La primera, "I want to tell you about what i want", es un himno sumamente adictivo sobre la empatía en la especie humana, clamando con su clásica ironía por la paz mundial, por un socialismo apacible, sin machismos y con un único Dios: el amor. La segunda, "Mad Shelley's Letterbox" podría resumirse en una palabra como es hermosa, por continente y contenido, tan hermosa que hasta podría servir de ideal banda sonora para la celebración de muchos aniversarios.

Los augurios no iban, pues, desencaminados respecto al resto de canciones que iban a completar este trabajo grabado en Nashville. Lo primero que llama la atención como bloque compacto es una producción extraordinariamente rica en texturas y matices, a cargo de Brendan Benson, conocido sobre todo en la década 00 por sus discos en solitario o con The Raconteurs. A ello se une como peculiaridad el que Robyn Hitchcock haya aparcado su habitual acústica en pro de guitarras eléctricas y armonías que recuperan aquel instinto básico de los Soft Boys.


Entre el jangle-pop y el powerpop melódico setentero deambula un brillante homenaje a "Virgina Woolf", de la que acaso se podría pensar que la subjetividad femenina y los rasgos autobiográficos camuflados están más presentes de lo que parece en la obra de Hitchcock. Por otra parte, quizás las amistades de los últimos tiempos, como con Grant Lee Phillips, Pat Sansone de Wilco o Emma Swift en "1970 in aspic" le aproximan a unas raíces americanas que incluso derivan en la onda country tabernera de "I'm pray when i'm drunk", donde resulta tremendo eso de tener mayores inclinaciones espirituales cuando uno va borracho.

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Obviamente "Sayonara judge" merece un exclusivo punto y aparte. Me parece de las mejores baladas que he escuchado de lo que llevamos de S.XXI, se dice pronto, y probablemente una de las más brillantes canciones que glorifican a un perdedor.

"Detective Mindhorn" , "Raymond and The Wires" y "Autumn sunglasses" están impregnadas de aires sixties y de puntillos psicodélicos. El maestro remata la faena con un colofón extraordinario, y es que en "Time coast" canta cual si fuera un fósil al pasado, a las ruinas que quedaron atrás, a ese tiempo que pasa demasiado rápido.

Con 63 palos el mítico Robyn Hitchcock lo ha hecho en esta impresionante demostración de talento donde absorbe su propia esencia desde los Soft Boys hasta nuestros días, donde mantiene una portentosa voz y donde, lógicamente además, camina también por la línea que tanto le gusta de nombres como Buddy Holly, Beatles, Byrds, Kinks o Big Star. Por todo ello creo que merece ese calificativo que muchas veces se dice pero en pocas ocasiones se aplica con justicia real. Este trabajo, además de ser muy, muy serio candidato a mejor disco del año, es en toda regla (y con las tres letras en mayúscula y negrita) una POM de las de verdad (para los lectores del presente que ignoren su significado es en la jerga popular de amiguetes el término acuñado por el tete Joserra para designar a una "puta obra maestra"). Cuando alguien materializa un disco así después de tanto tiempo en la pomada no queda otra alternativa que decir que es un genio.



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7 comentarios :

  1. Desde luego disco del año, o a lo sumo de los tres mejores del año. Ayer hablamos de él Joserra y yo, le comentaba que adquirí juntos este y el de Ray y el primer fin de semana ganó la partida Hitchcock con claridad.
    "Sayonara judge" es otra historia, desde la primera escucha detectas que se trata de algo superior.
    Gran disco y gran reseña, creo que la veremos en lo más alto de algunas listas.
    Un abrazo.

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  2. 100% de acuerdo y creo q como dices el papel de benson ha sido fundamental veo su mano en cada segundo en la produccion

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  3. Sí, la verdad es que si lo comparamos con el nuevo de Davies, gana Hitchcock por goleada. Tampoco es que llegue a la altura de los Soft Boys o de sus primeros años en solitario, porque el tiempo pasa para todos; pero es un buen disco, y algunas canciones como “Sayonara judge” sí que podrían pertenecer a un “Underwater moolight”, por ejemplo.

    Sobre las influencias americanas, bueno, eso ya es cuestión de gustos y ahí prefiero callarme. Pero resulta curioso que aquellos que provienen de la psicodelia, como Hitchcock o Julian Cope, parecen tener la mente más fresca que otros que están desde siempre en el rock más convencional y que a estas alturas me aburren profundamente. Al final va a resultar que el ácido no es tan malo como decían…

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  4. Gran disco de esta "leyenda" (que mal suena esto!) de la psicodelia/folk/pop.
    Una POM ? , posiblemente!
    Abrazos,

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  5. Un total ignoto en mi caso del cual se agradece al darlo a conocer ,creo que pasare un momento sonorico agradable con este St. Saludos y buena semana

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  6. Sigo pensando en que este disco fué parido después de que Hitchcock girara por Europa y EEUU ( UHH , UHH ) con los Sadies durante año y medio ; y sin embargo la personalidad de Robyn queda intacta ; cada uno que saque sus conclusiones .
    No tiene nada que ver lo que hacen unos y lo que hace el otro , pero este disco es BRUTÉRRIMO ; una pasada que sólo los grandes creadores DISIDENTES se sacan de la manga de vez en cuando . ; desde ya , un CLÁSICO iconoclasta , un raro ; actual , pero CLÁSICO .Fan .
    UN fUERTE Abrazo !!!!!!

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  7. Haré caso de las buenas críticas, como la tuya, que ganan por goleada, y lo escucharé.

    Un abrazo, master!

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